El engendro

Inicio una nueva sección de relatos. 

Nunca me había dado por escribir ficción, pero surgió un concurso en el pueblo y participé… ¡Y gané! Así que valoraré la posibilidad de seguir escribiendo algo de ficción para coger estilo. 

El relato que envié participaba en el FAN (Festival Aragón Negro) de Gelsa. El género de novela o cuento negro es muy amplio: desde los monstruos de la oscuridad de los mundos fantásticos de H.P.Lovecraft a las tinieblas psicológicas y terroríficas de Edgar Allan Poe. El propio Poe fue el creador de la novela detectivesca actual, con su detective Dupin, que apareció por primera vez en «Los crímenes de la calle Morgue», primero de los tres cuentos que Poe dedicó al extravagante detective que marcó después el camino de Sherlock Holmes de Conan Doyle y al que hace referencia en su primera obra de Holmes «Estudio en escarlata» al ser comparado con Dupin. 

Desde entonces el género negro contempla desde las novelas de terror, suspense, oscuridad (negro), a todo el género policíaco. 

Sin más preámbulos, os dejo con el relato. Al final del mismo hay unas notas para entender un par de cosillas. 

Espero que os guste. 

EL ENGENDRO

Atravesar un puente no es nada deseable para una persona que padece vértigo. Y menos lo es, si cabe, cuando apenas se divisan cinco metros más allá de la cabina del camión. Bajo un cielo rojo en llamas, un manto de espesa niebla acariciaba todo el río Ebro, como casi cada amanecer de invierno. Gélidas y ciegas; así eran las mañanas en la ribera del río.

Subí un poco el volumen de la radio, respiré varias veces para relajarme, y esperé con los faros antiniebla que ningún vehículo viniese en sentido contrario por el tramo de aquel viejo puente cuya estructura se me antojaba en extremo delicada. Los años de experiencia en la carretera no me habían servido en absoluto para dominar el miedo a las alturas en los puentes. Ni al agua. Casi prefería estrellar el camión contra el duro asfalto que caer en un río profundo y morir ahogado. El nadar no me preocupaba en absoluto, era la agonía que se mostraba en mis pesadillas al morir agonizando, incapaz de poder quitarme el ceñido cinturón lo que me atemorizaba.  

Pausadamente logré atravesarlo mientras unas gotas de sudor nervioso caían por mi frente. Nada más cruzar el puente, me pareció ver una gasolinera a la derecha tras la bruma. Y tras esa fugaz visión, vino el golpe.

Un golpe seco hizo que se elevara la cabina unos centímetros y el habitáculo cayera de manera brusca. Fue breve, pero inesperado.

—¡Maldito bicho! —dije, pensando que había chocado contra un jabalí u otro animal salvaje.

Salí de la cómoda cabina del camión para enfrentarme con un frío y una atmósfera que cortaban la respiración. Ojeé la parte delantera de la cabina y de manera casi inmediata deslicé la mirada hacia la rueda llena de sangre. Fuese lo que fuese, le había pasado por encima. Pero por fortuna no había dañado mucho el chasis de la cabina, sólo había una pequeña abolladura de la que el seguro se haría cargo.

Y entonces escuché el gemido.

Muerto de frío y de curiosidad me acerqué a la figura que yacía en el suelo cuando me percaté de que lo que había atropellado nada tenía de jabalí ni de animal salvaje. Aquello era un organismo humano, famélico, sin pelo en la cabeza, con manchas en el cuerpo, aplastado por el tórax y con las piernas casi separadas del resto del cuerpo sobre un charco de sangre que se mezclaba con el mugriento asfalto. De pronto, giró la cabeza dirigiéndose a mí con la mirada perdida de un hombre que hace tiempo que ha perdido la vista y algo más, y me dijo:

—¡Celse!

Retrocedí espantado. ¿Cómo podía aquel hombre haber girado la cabeza y pronunciado aquello con el cuerpo casi totalmente seccionado? Pensé en pedir ayuda, pero me reí de lo absurdo que sonaba. Eludiría la parte final, ya que nadie me creería.

Los ojos de aquel enigmático ser por fin descansaban en paz mirando hacia el cielo. Pero yo lo había matado, aunque la maldita niebla hubiese tenido la culpa. Quise llamar por teléfono para pedir ayuda y que retirasen aquel escuálido cuerpo. Pero temblaba. A pesar del frío, temblaba como pocas veces recordaba haber temblado. Poco a poco, fui perdiendo la poca visión que la niebla me procuraba, y desmayado, me desplomé contra el suelo.


Comencé a recobrar el sentido poco a poco. Primero el oído pero con el cuerpo todavía inmóvil.

—¡Joder, lo ha matado! —escuché a duras penas.

—Será mejor que nos vayamos antes de que despierte y nos contagie. —dijo otra voz.

—No se contagia. Hay que matarlo para que la maldición de la locura cambie de cuerpo, como hizo este pobre infeliz. —Sospeché que con «el infeliz» se referían a mí —. Parece mentira que no lo sepas.

—No me fio de las leyendas. De hecho, nunca lo creí. Llevamos siglos con esto y nunca lo había visto.

—Eres un escéptico sin remedio. Dicen que todo empezó cuando se cogieron las piedras de la Lápida Celsa para construir el antiguo cementerio y el convento. Yo tampoco lo había visto nunca, pero sé que hay mundos y demonios que desconocemos y que es mejor que así sea. No se puede jugar con el descanso de los que nunca pueden dormir.

—Pero ninguno de ellos ha muerto de manera natural, ¿no?

—Por lo que yo sé, no. Dicen que algunos han vivido más de cien años. Si es que a eso se le puede llamar vida.  

Desde el frío suelo la vista empezaba a despertar, y con ella el resto de sentidos. La nariz percibía un olor rancio, supongo que del cadáver. Y mi mente intentaba descifrar toda la extraña información que me iba llegando a través de los oídos. Por su manera de hablar no parecía que fuese la policía, sino vecinos del pueblo. Y la conversación era como mínimo perturbadora.

Hice un leve intento de incorporarme, pero al percibir que me estaba moviendo uno de ellos dijo:

—¡Se está moviendo, larguémonos! —Y en un momento se esfumaron.

Me quedé apoyado en la rueda del camión, asimilando las cosas que acababa de escuchar. ¿Una maldición que se transmite con la muerte? ¡Vamos, hombre! Pero, después de ver aquella cosa por lo menos había que tomarlo en consideración.

Sopesé la escasa posibilidad de que algo así pudiese ocurrir. ¡Y que me ocurriera precisamente a mí! No. Jamás he creído en esas cosas.

Me levanté y estremecí al darme cuenta de que aquel enigmático cuerpo, el protagonista de aquella misteriosa leyenda había desaparecido, lo mismo que la sangre. Por un momento pensé que todo había sido una alucinación, un delirio, un engaño de la mente, mas el golpe en el camión seguía allí, y en el asfalto, las marcas que el frenazo súbito del camión había dejado. No, no podía haber sido una pesadilla.

Miré el reloj y vi que habían transcurrido casi tres horas. La niebla había desaparecido y por fin podía ver el puente a un lado y la entrada al pueblo en el otro. No sé muy bien cómo, pero me había metido por un tramo de carretera que llevaba a una gasolinera, la que había creído ver antes del golpe, pero que se encontraba cerrada.

Subí a la cabina del camión y medité si continuar con el trayecto o si debía descansar un rato. Llevaba muchas horas conduciendo y quizá el cansancio me había jugado una mala pasada. Decidí que lo mejor era continuar y abandonar el pueblo. Ya tendría tiempo de descansar un poco más adelante y olvidar todo lo sucedido.

Pero algo ocurría en mi cabeza. Algo similar al miedo. Un miedo que no era capaz de ubicar ni identificar. No era como el miedo a las alturas, o a morir ahogado. Me sentí pequeño frente al mundo, aislado de la realidad. En un solo momento experimenté procesos mentales ajenos, recuerdos que no eran míos. Vi el cuentakilómetros del camión y no entendía nada. Sabía que lo había manejado hacía apenas unas horas pero era incapaz de entender su funcionamiento. El volante me parecía un círculo cuyo mecanismo ignoraba por completo. Y sin saber por qué, empecé a llorar.

Me sequé las lágrimas e intenté pensar en algo que no fuera en esa imagen que mi cabeza, de manera insistente, se empeñaba en evocar: la del siniestro cuerpo que sabía había atropellado.

Incapaz de conocer los entresijos del funcionamiento del vehículo, bajé de él y decidí buscar ayuda. Anduve un rato mareado, con aquel terror que todavía habitaba en mí. Me encontré a una mujer ya anciana y fui a preguntarle:

—Disculpe. ¿Sabe dónde puedo encontrar un médico?

La anciana me miró con desconfianza para pasar a la perplejidad. Me habló en un idioma que no entendía, y que no era capaz de identificar. Durante todos los años que me había dedicado a viajar en el camión había recorrido media Europa. No hablaba con fluidez el inglés, pero era capaz de mantener pequeñas conversaciones. Del alemán, francés e italiano era capaz de reconocer algunas palabras y hacerme entender. Pero el idioma de la anciana tenía un sonido tosco, casi como de Rusia o de algún país del Este. Aunque su aspecto, que bien podía llevarme al engaño, era el de una persona de aquí. 

Pero mientras esas ideas rondaban mi cabeza el rostro de la anciana se desdibujó hasta llegar al espanto. Me miraba con la cara de quien ve al mismo diablo. Apresurada, se giró y prosiguió su marcha a gran velocidad, con pasitos cortos pero veloces.

Me adentré en el pueblo, y me perdí. Cuando me quise dar cuenta creí estar dando vueltas sobre un mismo punto y volviendo siempre al mismo lugar de origen. Como el Minotauro en el laberinto, deambulando por las calles angostas de lo que parecía ser el barrio morisco.

Barrio Morisco
Barrio Morisco

Durante todo el trayecto pregunté a los vecinos del pueblo, pero en balde. Con todos me ocurría lo mismo. Primero incomprensión, después el pavor y finalmente la huida.

Cuando escuché el sonido de las campanas de la iglesia. No sé cuántas veces habrían sonado en lo que llevaba en el pueblo. Pero entonces recordé que en los viejos pueblos las iglesias solían tener la cruz en el punto más alto, ya que nadie podía estar en una posición más elevada que Dios. Así que guiándome por el sonido y retirándome un poco hacia atrás pude divisar el campanario con su correspondiente cruz.

Intenté no perderla de vista, aunque en esta ocasión era yo quien intentaba esquivar a los vecinos del pueblo. Ese nuevo sentimiento de rechazo me dolía en lo más hondo de mi ser. Así que cuando veía a uno, me giraba y volvía tras mis pasos para esconderme en algún rincón hasta tener el camino despejado y poder salir.

Una última calle estrecha y por fin esperaba llegar a la iglesia. Pero entonces me di cuenta de que no sabía que hacer a continuación. No tenía un plan. Había recurrido a la iglesia para salir del laberinto de callejuelas, pero ahora había más vecinos transitando cuyo comportamiento era del todo reprochable.

Se podría decir que sentía algo así como animadversión hacia esas personas. Un poco de educación no les habría venido mal. Aunque todavía me llamaba la atención el hecho del idioma. No estaba en la franja y no había pasado a Cataluña. Pero en cualquier caso, esa repugnancia que mostraban al verme no podía ser más que fruto de una mala educación.

Me sentía muy irritado. Hasta que giré mi cabeza a la izquierda y me fijé en el escaparate.

Era una mercería, pero mi atención no se fijó en los productos que vendían, sino en mi reflejo. Mi cara se había hinchado, y unas zonas oscuras aparecían aleatoriamente por todo mi rostro. Me rasqué la cabeza y noté mi pelo marchito. Al retirar la mano, un gran mechón de pelo la acompañó. Me estaba quedando calvo. Salí corriendo con todas mis fuerzas hasta dar con lo que buscaba: un coche aparcado.

Moví el retrovisor para poder observar con más detenimiento mi imagen. Y entonces empecé a comprender. No había sido un sueño. El golpe fue real, el hombre o como se pueda llamar también era real… y la maldición también.

En ese momento comprendí la reacción de los vecinos del pueblo. ¡No eran ellos, era yo! Había dejado de entender su lenguaje, que no era otro sino el mío. El que yo utilizaba… hasta ahora.

Subí la calle más grande con la esperanza de huir del centro urbano. Pero entonces empezaron las alucinaciones.

A ambos lados de la calle, ya habiendo casi abandonado el pueblo tras de mis pasos, los troncos y ramas de unos árboles desnudos se me antojaron cual Quijote con sus molinos, unas enormes manos que salían del suelo. Vi como se movían. O creí ver como se movían. Ya no sabía distinguir lo real de lo irreal.

Me encontré con una ermita. La ermita del Buen Suceso.  Creo que estas fueron las últimas palabras que llegué a comprender antes de que mi mente se hiciese abstracta para mí mismo.

Ermita del Buen Suceso
Ermita del Buen Suceso

Me escondí en unos arbustos que había tras ella. Allí estaba solo, sin que nadie me pudiese ver. Y pronto me di cuenta que esa locura me absorbería por completo en breve. Pronto no sabría ni quién era yo, si es que todavía lo sabía. Olvidaría mi pasado, mi familia, mi nombre. De hecho ya no lo recordaba. Solo recordaba una y otra vez. ¡Celse!, ¡Celse!, ¡Celse! ¿Sería ese mi nuevo nombre?

Un fuerte impulso me hizo subir un poco más. Me sentía atraído como un imán a un campo magnético. Atravesé una carretera y pronto llegué a la fuente de mi atracción: el cementerio.

Cementerio
Cementerio

Tras la gran puerta metálica, franqueada por dos bancos, me esperaba un espectro de las tinieblas. Era él, sin duda. Aunque pareciese más humano muerto que recién atropellado.

—¡Lo siento! —fue lo primero que me dijo.

—¿Qué me has hecho? ¿Qué mierda es esta? —repliqué con una brutalidad que no era propia de mí.

—Me atropellaste. Hiciste algo por mí que yo mismo no podía hacer. No podía morir sin ser matado. Y has sido tú. —contestó con gran ternura en su voz, como si realmente sintiera todo el daño que me había causado y que me causaría.

—¿Por qué a ti te entiendo y a los demás no? —interpelé para satisfacer mi curiosidad.  

—Porque estamos en el mismo mundo. Ya has dejado de pertenecer a los vivos. No los entiendes ni los entenderás. Y pronto tampoco te entenderás a ti mismo. Dejarás de tener sentimientos humanos: no comerás, no dormirás, no… recordarás. —dijo esto último como si fuese lo más doloroso de todo.

—¿Y mi familia? ¿Qué hay de mi familia? —pregunté con gran preocupación.

—Por ellos ya no puedes hacer nada. Te darán por desaparecido primero, y finalmente te darán por muerto. Y por fin, cuando alguien acabe contigo, descansarás. —contestó él.

—Y le pasaré la maldición. —dije, recordando la conversación al despertar del choque.

—Exacto. Y ahora si me perdonas, por fin puedo estar con aquellos que hace muchos años abandoné. A partir de ahora estás solo. —sentenció.

Y sin dejarme decir nada más se giró y me pareció escuchar un «que tengas suerte».

Resignado, me senté en uno de los bancos. Medité durante un rato mi situación. Había sido juzgado y sentenciado de por vida, sea lo que sea que ahora significase «vida», a convertirme en un engendro de la naturaleza.

No podría comunicarme con nadie. Nadie me entendería y todos huirían al ver mi aspecto, que sin duda empeoraría con el tiempo.

Decidí seguir aquella carretera y buscar un hábitat más tranquilo, lejos de la gente, dispuesto sin otra alternativa que la de ser aquel que continuaría con un hechizo de siglos de antigüedad. 


No recuerdo cuantos años hace que voy vagando por estas montañas. Los primeros tiempos fueron duros. La vista empezó a interpretar lo que se le antojaba. Intercambiaba colores, formas, … Hablaba con los árboles y con los insectos hasta que llegó el día que no sabía lo que era un árbol y un insecto. Como digo, no recuerdo cuanto tiempo hace que me oculto en estas montañas. Pero sí recuerdo con claridad el día que las abandoné. Para siempre.

Era una mañana de no sé qué día ni de qué año. Hacía un tiempo estupendo, aunque a mí me diera completamente lo mismo. Pero sí, sin duda tuvo que hacer un tiempo estupendo. No podía ser de otra manera el día que abandoné este contaminado cuerpo.

Estaría elucubrando alguna estrafalaria teoría del mundo de los infiernos arrodillado en el suelo cuando una gran explosión me ardió con fuerza en el vientre y un aullido agudo salió de mi garganta. Vi restos de mis vísceras esparcirse por el campo a mi alrededor mientras una calma indescriptible se iba apoderando de mí.

—¡Le he dado, le he dado! —escuchaba a lo lejos una voz que se aproximaba.

—¡Que suerte! ¿Qué era, un ciervo? ¿Le has dado a un ciervo? —exclamó otra voz.

—No lo sé, eso creo. —le contestó la primera voz.

Se acercaron los dos rápidamente hasta mí. Uno de ellos retrocedió un paso mientras el otro se quedaba paralizado observando mi esmirriado cuerpecito.

—¿Pero qué narices es eso?

En ese momento, en la ermita de San Nicolás de Bari, en Velilla, una campana tañía sin motivo alguno justo cuando mi mirada se cruzaba con la de mi asesino y salvador.

—¡Celse! —dije justo antes de abandonar esperanzado este mundo demente.

San Nicolás de Bari
San Nicolás de Bari

 

·         «Celse» es uno de los nombres antiguos de Gelsa, en la época de los Romanos o probablemente antes, con los Celtas.

·         La «Lapida Celsa» es donde se empezó a construir el pueblo en un principio, al lado de lo que ahora es Velilla de Ebro. Hay un museo y se pueden ver los restos de lo que fueron en tiempos pasados casas y otras construcciones.

·         La campana de la ermita de San Nicolás de Bari, en Velilla, tiene una leyenda curiosa. Se dice que la campana subió por el Ebro (en vez de bajar) y que pasó por varias poblaciones pero cuando la querían coger la campana se metía Ebro adentro hasta que llegó a Velilla, donde unas chiquillas se acercaron y la campana fue a su encuentro. Después se dice que la campana protege de las lluvias y que tañían (sonaban las campanas) sin ningún motivo para presagiar un mal augurio o desgracia. Muchas de ellas militares.

 

 

Caso Juana Rivas.

Después de un tiempo sin escribir, me he decidido a hacerlo con un tema bastante sensible. 

Hace un mes aproximadamente lo vi por primera vez en el telediario. Era una noticia completamente manipulada, que nos informaba de una serie de injusticias cometidas por la propia justicia en contra de Juana Rivas, una madre que había sido supuestamente maltratada por su marido y al que tenía que entregar a sus hijos. 

Juana Rivas
Juana Rivas

Bien. Mi primera impresión fue pensar que los medios de comunicación se estaban equivocando. Y mucho. Nosotros, los teleespectadores, no teníamos la información necesaria para poder hacer una valoración de un tema tan delicado. Y ellos parecía que tampoco. 

El tiempo pasó y la cosa se les fue de las manos. Un tema que nunca debió de haber salido del ámbito jurídico se convirtió en una pachanga con vecinas pegando pancartas en favor de Juana

Juana está en mi casa
Carteles en favor de Juana Rivas

Vamos a los datos, intentando ser objetivos:

El maltrato:

Según María José Bultó, abogada especialista en Derecho de Familia, Penal y Menores, lo explica claramente en este hilo de facebook

  • ….SE DENUNCIARON MUTUAMENTE POR MALTRATO (lo que ocurre en una riña entre dos)…

  • …lejos de lo afirmado por Juana en los medios de comunicación (acerca de que le dio una paliza por llegar a altas horas de la madrugada y que tuvo que ser asistida hospitalariamente), estas afirmaciones faltan a la verdad. Y lo son por el propio contenido de la condena: el art. 153 del Código Penal español, por el que fue condenado , implica que NO HAY LESIONES. Ni, por supuesto, parte de lesiones. Ni por lo tanto, palizas ni malos tratos…

El punto de que Francesco Arcaci era un maltratador empieza a tambalearse. 

Francesco Arcuri
Francesco Arcuri, el padre de los hijos

Cuando se separaron, ella se fue con un maestro granadino a un viaje a Asia y le dejó a Francesco el cuidado de su hijo. Y luego volvió con él y tuvo otro hijo, ¡tan malo no sería!

¿Pero qué hay de la denuncia? El propio Francesco la asumió para poder estar pronto con su hijo:

El juez no determinó su alejamiento del niño. Lo determinó Juana Rivas. La situación se le hizo tan insoportable que prefirió evitar el juicio y aceptar una condena de tres meses y un año de alejamiento. A las personas hay que comprenderlas. Era inocente, pero quería volver a ver a su hijo

Salía casi todas las noches. Aquella madrugada, al volver, puede usted suponer cómo, le dije que se acostase en otra habitación, pero ella me golpeó…

“Yo cuidaba del negocio y de los niños. Ella salía casi todas las noches”

Pero la opinión pública ya lo había juzgado.

Las sentencias contra Juana, apoyos e Internet. 

Juana le dijo que se llevaba a los niños de vacaciones a España, pero ya no regresó. La justicia italiana le dio la razón a Francesco y la custodia de los menores. También la justicia española. ¡Y dos veces! Y el Tribunal Constitucional ni admitió el recurso

Los tribunales italianos le otorgaron a él la custodia de los dos hijos como medida provisional y reclamaron que fueran devueltos en cumplimiento del Convenio de La Haya sobre sustracción internacional de menores. Posteriormente, en diciembre de 2016, el Juzgado de Primera Instancia n.º 3 de Granada ordenó la entrega “inmediata” de los menores al padre, fallo que fue confirmado por la Audiencia Provincial de Granada en abril de 2017. Juana Rivas obvió estas resoluciones judiciales.

Vamos a ver: ¿Tan tontos son todos los jueces implicados en este caso? ¿Realmente era un caso tan excepcional como para que saliera a la luz pública? Si hasta los Jueces por la Democracia han pedido “mesura y ponderación, especialmente en los responsables públicos, al expresar opiniones o ideas sobre concretas actuaciones y resoluciones judiciales”

Y es que hasta el presidente del gobierno Mariano Rajoy tuvo unas palabras para ella: “Hay que ponerse en el lugar de esta madre” ¿Y el padre? La presidenta de la comunidad de Andalucía, Susana Díaz también mostro su apoyo: “Un padre maltratador no puede tener la custodia de sus hijos“. 

De todo esto se han creado dos bandos: Los que consideran a Juana como una madre coraje que lucha contra la injusticia de las leyes, y los que consideran que ha secuestrado a sus hijos aprovechándose de la ley de violencia de género. 

Y es que los más afectados en este caso esta claro que son los niños. Pero un debate importante está en dar por sentado que toda mujer es mejor madre que un hombre padre por el simple hecho de ser mujer. Y que eso lo digan desde la igualdad

La red se ha llenado de mujeres apoyando a Juana estando en contra de un padre maltratador sin ni siquiera haberse molestado en informarse, y recordando tristes casos como el de la familia Breton, en la que dos pequeños fueron asesinados por su padre

Otros recuerdan el más reciente caso de una niña de 4 años que falleció por malos tratos y agresiones sexuales en Valladolid, en el que casualmente la madre había denunciado a su ex-pareja y al que culpó de las primeras lesiones de la menor. Y la fiscalía la creyó. 

Otro punto que tampoco ha jugado a favor de Juana Rivas es el caso de la recogida de firmas en contra de que los menores estén con padres maltratadores, en las que salía en varias fotos con Vanessa Skewes, una mujer que impuso varias denuncias de maltrato contra su ex-marido que luego se demostraron ser falsas

Vanessa Skewes y Juana Rivas
Vanessa Skewes y Juana Rivas

Aquí nos encontramos frente a la mayor paradoja de todos. Aquellas que quieren la igualdad, son las que quieren diferente trato con el tema de los hijos. Y no me parece nada justo. Los padres tenemos todo el derecho del mundo disfrutar de nuestros hijos. No solo a los deberes. 

La LIVG es injusta y debería de ser eliminada, o por lo menos revisada. 

ALERTA SUICIDIO!!! Apartad la mirada.

Un sendero tortuoso y la fría compañía de una depresión profunda. A la mínima, el detonante. Un despido, una ruptura sentimental, la hipoteca, las cargas familiares… Puede aparecer de cualquier manera; avisando como un pequeño golpe pero cuyo dolor no hace más que incrementar hasta hacerse insoportable o en forma de hachazo. En una mente cuerda seguiríamos dando vueltas por el laberinto hasta encontrar la salida. Pero ya nos hemos cansado de dar vueltas y buscar.

Somos ratas de laboratorio y como tales, drogadas. Pongámonos una copa y cuando el efecto sedante del alcohol empiece a hacernos perder el miedo, entonces echaremos mano de las pastillas, siempre al alcance de cualquiera. Pero bajemos la voz para que no nos oigan. Retiremos el cadáver pronto no vaya a ser que lo descubran. Tenemos que ocultarlo. Y pronto. Todos sabemos que es un tema tabú.

Pastillas

Las cadenas de televisión determinaron, ignoro si por algún ordenamiento superior, apartar las cámaras de aquellos espontáneos que saltaban al campo para ir a abrazarse con su ídolo o simplemente aparecer en pelotas para reivindicar algo. Y funcionó. La cantidad de espontáneos que saltan al campo es sustancialmente inferior al de hace unos años. ¿Qué gracia tiene hacer algo si luego no lo puedes contar?

Pues bien, en otro pacto firmado por la prensa se determinó hacer algo parecido con el tema del suicidio. Apartar las cámaras. No hablar de ello. No escribir acerca de los problemas que conlleva el suicidio. El problema es que en este caso no funcionó.

Números de suicidios

Como podéis ver en este informe (exactamente en la página 5) del Instituto Nacional de Estadística, en España fallecieron de suicidio 3870 personas, y ojo al interesante dato del género, un 75% de hombres frente a un 25% de mujeres. No soy capaz de imaginar la causa de ese desajuste, de la misma manera que he sido incapaz de encontrar datos más actuales.

En el caso de las muertes por violencia de género, tenemos los siguientes resultados.

Maltrato de género

He subrayado el 2013 para tener la misma franja temporal y el resultado son 54 víctimas mortales. En este caso no he visto los géneros pero me consta que la mujer es la gran perjudicada en este caso, aunque no la única.

Ahora bien, ¿Cuál es el motivo por el que tengamos constancia a diario «y me parece bien, que conste» de la violencia de género y que del tema del suicidio ni se hable?

Muchos aluden al efecto contagio, el también conocido como efecto Werther. He descubierto el nombre gracias a este artículo de xatacaciencia y su segunda parte de muy recomendable lectura:

El efecto Werther toma su nombre de la novela de Goethe Las penas del joven Werther, publicada en 1774, una novela muy leída en su día por la juventud, que empezó a suicidarse de formas que parecían imitar la del protagonista. De hecho, las autoridades de Italia, Alemania y Dinamarca la prohibieron por esa razón.

¿Qué es lo que hace que el efecto Werther tenga efecto con los suicidios y no en el maltrato de género?

Si analizamos el problema en España de manera endémica todavía es más sorprendente. Teniendo en cuenta la población de 2012:
Población España 2012

Es muy sorprendente ver la distribución de suicidios de dicho año:

Suicidios por CCAA

Que Andalucía sea la primera y Cataluña la segunda tiene su lógica por el número de habitantes. Pero… ¿Qué pasa con Madrid? ¿Es más feliz la gente en Madrid? ¿Cómo puede Galicia con la mitad de población que Madrid tener más del triple de suicidios que ellos?

Y parece ser que no soy el único que cree que el efecto Werther no funciona. En este artículo de eldiario.es, psicólogos especialistas lo corroboran informando además que el número oficial de suicidios es menor que el real. Y tienen una sólida base para serlo.

Un suicidio en carretera suele ser contabilizado como víctima de accidente de tráfico. ¿El motivo? Las aseguradoras. De la misma manera que un suicidio en el trabajo suele ser achacado a un accidente para que los familiares puedan cobrar.

Aún así, y con todo lo negro que parece, estamos en la mitad de la media de Europa. Mientras que en Europa el 2012 estaba en un 14,1 por 100 000 habitantes, en España era del 7,1.

A nivel sistémico, el 75% de las víctimas de suicidio son de bajos o medios ingresos según este interesante informe (en inglés) de la Organización Mundial de la Salud.

Ingresos

Otro efecto importante aunque parece que se contradice con el gráfico anterior es la edad. En el gráfico anterior era a nivel sistémico, todo el planeta, y ahora volvemos a nivel endémico, nuestro país.

En El Confidencial podemos ver por CCAA y el porcentaje de suicidios por edades así como otras estadísticas. No deja de ser sorprendente que los hombres arranquen esas cifras de suicidios y a esa edad.

Edades

Para ir acabando os dejo unos mitos y unos consejos en un informe que os podéis descargar aquí (esta vez sí en español) para estar siempre alerta.

Mitos y ayuda

Así que ya sabéis. De la misma manera que es muy importante estar al tanto del maltrato de género, no lo es menos estar al tanto de los síntomas y comportamientos que pueden acabar en suicidio.

Aunque no nos lo quieran enseñar, está muy presente en nuestra sociedad. Estad alerta y con los sensores encendidos. Y recordad que la depresión suele ser el primer paso.

Depresion

 

Se acerca San Valentín!!!!! No le regales una estrella!!!!!

Sí, no lo negaré. Es muy tierno y romántico y todas esas cosas. Ver el cielo y decirle —Por ahí está tu estrella, Josefina—. Y Josefina, con aire de impresionada al ver su estrella, sin saber a ciencia cierta si esa estrella sigue existiendo, por mucho que todavía nos llegue su brillo.

El Sol (También conocido como Luisa)

Aquí tenéis el Sol, también conocido como Luisa… Es una broma, evidentemente, pero no hay más que buscar en Google para ver lo fácil que es “comprar” una estrella.

Búsqueda para comprar una estrella.

Y no hace falta más que ver como se los gastan algunos. Una estrada bonita:

Imagen 524

Y luego ZASCA!!!!

Imagen 525

Aquí tenemos precios desde tontos a muy tontos que se creen que comprar una Supernova es “La estrella más luminosa del cielo”. Vamos a ver, una Supernova es cuando una estrella que ya ha quemado todo su combustible en vez de apagarse y morir sin hacer ruido, debido a su densidad, pega un petardazo de la hostia (sin sonido, que en el cielo no hay sonido). Debido a la explosión se ve una gran iluminación en la que se vuelven a repartir trocitos de polvo de estrella listos para volver a construir con el paso de millones de años nuevas estrellas o nuevos planetas.

Y los precios suelen ir por ahí por ahí…

Imagen 526

Como veis aquí no se flipan con las Supernovas, pero en las dos listas de precios hay una cosa curiosa: las estrellas gemelas valen más que las estándar, cuando según parece hay más estrellas binarias, ternarias, cuaternarias o de cinco o más estrellas que estrellas simples.

Pero vamos a lo que interesa:

¿Si compro una estrella, realmente me pertenece?

NO

Como ya vimos en el artículo anterior, el encargado de poner los nombres a las constelaciones «que ya no hay más» y a las estrellas es el mismo, la Unión Astronómica Internacional (UAI), y no van a cambiar el nombre tan práctico de ALFA CENTAURI A y B «sí, son dos estrellas, un sistema binario» o el de HE 1523-0901 por el incomprensible nombre de Laura. Seamos serios…

Así que la resolución de todo esto es que hay mucho estafador que se aprovecha de la ignorancia de la gente y vende cosas que no puede vender. Vistos los precios, por 50€ os vendo una constelación si queréis. Os doy un pedazo diploma que no servirá de nada, como los otros, y encima os ahorráis unas perras.

Lo dicho, difundid el mensaje para que la gente no se deje engañar por este tipo de fraudes que, aprovechándose del romanticismo de la gente, no sirve absolutamente de nada.

¿Por qué se sigue usando el PDF como formato de libro electrónico?

¿No te ha pasado nunca que te ofrecen descargarte un libro electrónico en cualquier web y te encuentras con un PDF de 80 páginas? ¿Es eso un libro electrónico o un documento de 80 páginas? ¿Existen diferencias?

Para mí sí, y muchas.

Cada tipo de archivo tiene un formato por excelencia, o varios. Así por ejemplo:

  • Si hablamos de archivos de audio tenemos MP3, AAC, OGG, WMA, FLAC, WAV, etc.
  • Si hablamos de archivos de imagen tenemos JPG, GIF, TIFF, RAW, BMP, etc.
  • En el tema del vídeo es más complejo, pero tenemos contenedores como AVI, MPEG-4, M4V, MKV (Matroska), etc.

En estos casos hay diferentes opciones para todos los gustos, algunos con compresión con pérdida, otros con compresión sin pérdida y otros directamente sin comprimir. Pero no es menos claro que el rey sin duda del audio sea el MP3, aunque no sea el mejor, ni de lejos. De imagen el JPG, y de vídeo suele ser el AVI o el MP4.

Y no es menos cierto que aunque haya diferentes tipos de archivo de documentos, lo más normal es encontrarte los documentos en PDF. Un PDF lo lees en cualquier dispositivo, no dependes de tener la misma versión de Word con el que se hizo, por ejemplo, ni de tener las fuentes con las que se ha escrito el documento. Sabes que se va a ver igual que como lo has preparado, sea en el programa que sea con el que lo hayas hecho. En definitiva, para leer documentos es sin duda el tipo de archivo adecuado.

¿Es el PDF un tipo de archivo de libro electrónico?

No. De la misma manera que antes decía que hay diferentes tipos de archivos para el audio, las imágenes o los vídeos, lo mismo ocurre para los libros electrónicos, o también conocidos como eBooks.

Normalmente los fabricantes de eReaders (lectores de libros electrónicos) tienen su propio formato. Así nos encontramos con formatos como MOBI, AZW3, FB2 etc. y sin duda el mejor, el ePUB.

El PDF no tiene ningún tipo de formato. En el mejor de los casos se puede copiar el texto con un lector PDF, pero en un eReader es como una imagen que no reconoce los títulos, los capítulos, el texto. En fin, nada. Cuando abres un archivo PDF en un eReader, te encuentras con un documento sin forma ni estructura alguna. En algunos casos puedes encajar un poco la vista… pero poco más se puede hacer.
Aquí un ejemplo de lo que pasa cuando abres un PDF y lo haces más pequeño.

PDF en grande

 

PDF en pequeño

Aquí se puede ver que al aumentar o disminuir el tamaño de un PDF lo único que se hace es ampliar o reducir el tamaño del texto, lo mismo que cualquier otro elemento que esté dentro de esa estructura estática del documento.

Ahora veamos que pasa con un ePUB:

ePUB Grande

ePUB Pequeño

Aquí vemos la diferencia. El texto es texto, no es una imagen de un texto. Y de la misma manera que si fuera un diseño responsive o adaptativo en la web, el texto se ajusta al tamaño de la pantalla y nos permite entre otras cosas cambiar su tamaño, su fuente, su interlineado, etc. Supongo que si los eReaders fueran DIN-A4 no habría este problema, pero recordemos que la mayoría son de 7″.

¿Por qué se usa todavía el PDF como formato de libro electrónico?

Lo ignoro pero me preocupa.

Cierto es que un primer momento mucha gente escaneaba los libros y los dejaba en PDF tal cual. En algunos casos incluso se escaneaban dos páginas a la vez (muy común en libros de bolsillo). Pero todavía no estaba implantado el libro electrónico tal y como lo está ahora.

Poco a poco se empezaron a usar programas OCR para transformarlos a ePUB. Pero su maquetación era muy difícil, sobre todo teniendo en cuenta que el OCR no era infalible y nos encontrábamos muchos textos con “l” en vez de “i” o “z” en vez de “2”, etc. Pero al menos se consideraba texto y se podía leer, algo muy difícil por no decir imposible en la mayoría de PDF en libros electrónicos.

Hoy en día muchísimas webs te ofrecen gratis libros electrónicos de una temática determinada, casi todos relativos a Internet, al SEO, al CM, pero todos en PDF. No deja de ser irónico que los que más entienden de marketing y técnicas de posicionamiento comentan el error de entregar libros electrónicos en PDF que solo se pueden leer dignamente en el ordenador, no en un lector de libros electrónicos. Es muy sencillo darle formato en ePub y luego ofrecer una opción alternativa en PDF. Pero no llamar a un archivo PDF libro electrónico.

¿Tan complicado es crear y dar formato a un libro electrónico?

No. De hecho es muy fácil exportar el trabajo a Sigil y darle formato de una manera bastante rápida. Solo hay que estructurarlo como se haría con un HTML en títulos, capítulos, etc. Hay muchos tutoriales en Internet que te ayudan a hacerlo. Sin duda el más detallado que he encontrado es el siguiente manual disponible para bajar por magnet link.

¿Se puede ver un ePUB en el ordenador?

Por supuesto. Hay bastantes lectores de ePUB, como el que viene integrado en Calibre, el mejor gestor de libros electrónicos que hay, que además convierte de una manera más que elegante cualquier formato… ¡menos el PDF! En mi caso, mi lector es un Kindle de Amazon y no aceptan ePUB, pero con calibre la conversión a Mobi o AZW3 es un momento.

Calibre es multiplataforma, y una herramienta imprescindible para gestionar tus libros electrónicos.

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