Feliz cumpleaños papa

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Feliz sexagésimo primer cumpleaños papa.

Este es el primero que no estás presente. Pero la mama ha preparado canelones, como a ti te gustan. Lástima que no los puedas probar, porque seguro que están buenísimos, como todo lo que hace la mama. Además celebráis vuestro aniversario de boda, ¿Cómo no iba a hacer uno de tus platos preferidos? Y encima comeremos todos juntos, algo raro en la familia, ya lo sabes.

Perdona si encuentras incongruencias entre párrafo y párrafo. Me están cayendo cataratas de lágrimas y a ratos tengo que secarme y parar un poco para poder volver a centrarme y prestar atención a lo que escribo.

Me acuerdo de pequeñito, cuando veníamos a Zaragoza a ver a la familia y a pasar nuestros veranos a Pastriz. Recuerdo la alegría que me daba cuando avisabas que ya estábamos llegando y nos mostrabas por la ventanilla la lejana silueta de cuatro majestuosas columnas y una cúpula enorme en el centro. La basílica del Pilar. También recuerdo la tristeza que sentía al cabo de los días cuando volvías a avisar que estábamos llegando a Barcelona de vuelta, salvo que en vez de una preciosa silueta lo que nos avisaba que estábamos llegando era un ojo publicitario gigantesco y luminoso de alguna óptica en la Avenida Meridiana. Recuerdos de Zaragoza en familia, juegos de ordenador de Toñín, chapuzones en la piscina de Pastriz. Qué tiempos…

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Aún me imagino lo que te debió haber costado comprar los dos ordenadores que teníamos. El Amstrad CPC6128 y el Amstrad PCW8256. Eran toda una proeza en aquel tiempo. Nunca íbamos sobrados de nada, pero tampoco nos faltó jamás un plato en la mesa. Siempre teníamos los mejores regalos de Navidad, lo que pedíamos. Gracias.

El dieciséis de febrero también esperaba ver la silueta de la basílica del Pilar. Pero no eras tú quien conducía. Íbamos en una ambulancia, con dos asientos, uno detrás del otro y mientras te hablaba y me giraba para verte tú estabas dormido. Era la única manera que podías dormir sin dolor: sentado. Le dije al conductor de la ambulancia que subiera un poco la música. Era música buena, de la que tú me enseñaste a valorar. Sonaron los Rollings, Pink Floyd y hasta Cocaine, pero la original, la de J.J.Cale. Simplemente quería llegar cuanto antes a aquel maldito hospital y no escuchar el silencio ni tu sonora y dolorosa respiración.

Espero que me perdonaras que te mintiera en la sala de espera de urgencias cuando me dijiste —Me muero— y yo te respondí — ¡Qué cojones te vas a morir, si tenemos que ver el Manchester City–Barça juntos!—. Sabía que no lo veríamos. Aunque el día anterior estuviéramos viendo el fútbol juntos en casa como si nada, pero la encefalopatía te tenía cogido por los huevos. Y ya no había marcha atrás. El cáncer te tenía comido por dentro y la cirrosis del hígado tampoco ayudó. Tenías el hígado destrozado. Te mentí porque no quería que sufrieras. Quería que tuvieras esperanza… aunque yo supiera la verdad.

Te mentí porque te quería «y siempre te querré», y aunque tuvieras la mirada perdida y te movieras de manera espasmódica no podía dejar de luchar por ti y de hablarte y de animarte y de suplicarte que no te fueras… La gente miraba como si fuese un espectáculo de circo. Solo les faltaron tirar cacahuetes a los muy hijos de puta. Te cogí la mano con fuerza mientras me mirabas desenfocadamente como si estuviese a cien metros detrás de mí. Espero que supieras en todo momento que yo estaba allí, a tu lado.

Aguantaste como un campeón. Sabías que venía tu hija de Barcelona corriendo y no pensabas irte sin despedirte de ella ni de la mama. Ni la morfina consiguió dormirte del todo. Cuando ellas ya estaban en la habitación te despertaste de tu sueño profundo para darles ambos besos antes de irte con una sonrisa. Fuiste un poco cabrón, todo hay que decirlo, ya que después de haber pasado todo el día anterior y la noche contigo podrías haber esperado un poco a que yo llegara del médico para despedirte también de mí. Pero te lo perdono. Te perdono todo lo malo que hiciste, que fue muy poco, y te agradeceré siempre todo lo bueno que hiciste, que fue muchísimo.

—-—***—-—

Acabo de llegar de pasear al Neo. Él lo sabía. Sabía que cuando salías de casa no volverías. Te miró de una manera distinta, con su sexto sentido, y a ratos tiene la mirada distraída, como nosotros, y pienso que está ausente pensando en ti, como nosotros.

Te vamos a plantar un árbol en el jardín. Todavía no sabemos cuál, pero estamos en ello. Queremos que no sea muy grande para que dejes espacio para otro para la mama. Pero ese será dentro de mucho, mucho, mucho tiempo. Y si ya os peleabais en la cama por ver quien tenía más espacio y echaba de la cama a quien no queremos que pase lo mismo en el jardín. Así que buscaremos algo pequeño. Ojalá vuestras raíces se arraiguen con fuerza entre sí y duren muchísimas décadas o siglos juntas.

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Pero ya sabes que el experto en botánica y jardinería eras tú. Ahora tenemos que informarnos corriendo para hacer realidad tu sueño de hacer un pequeño huerto en el terreno que abonaste. Ya nos informaremos para que todo quede como tú querías. Lo haremos realidad. Tu jardín.

De momento nos queda un precioso recuerdo y estás dentro de nosotros constantemente. Por momentos nos duele tu ausencia. Buscamos por toda la casa pero no estás. Nos cuesta convencernos de que te has ido. Pensamos que en cualquier momento bajarás las escaleras para sentarte en «tu sitio». No pasa un día sin que no recorran las lágrimas alguna de nuestras mejillas. Yo intento hacerlo a escondidas, cuando me voy a dormir. Quiero dar la impresión de fortaleza que no tengo para que la mama y la Yas se sientan más seguras. Pero hoy me he cargado más de un paquete de pañuelos escribiendo estas líneas.

Si algo te ha destacado siempre es que has sido buena persona. La gente me para por el pueblo y me dice haciéndose la sorprendida cuando ya lo saben todos —Pues parecía tan buena persona— a lo que rápidamente respondo, —Lo era… Lo era—. Me siento orgulloso de haberte tenido como padre. Y no te preocupes que cuidaré de la mama y de la Yas.

Y de las dos promesas que te hice. Una depende de mí y la otra no tanto, pero lucharé con todas mis fuerzas para cumplir las dos. Por ti y por mí.

Feliz cumpleaños de parte de todos papa. Te queremos muchísimo.

 

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